Hace 25 años, los atentados del 11 de septiembre de 2001 destruyeron las Torres Gemelas y modificaron para siempre el horizonte de Nueva York. Un cuarto de siglo después, la Zona Cero combina espacios dedicados a las víctimas con nuevos rascacielos, infraestructura y proyectos culturales que redefinieron el bajo Manhattan.
Peter Bitwinski trabajaba en el piso 69 de la Torre Norte cuando ocurrió el ataque.
«El avión impactó detrás de mí y me tiró sobre mi escritorio. Los siguientes uno o dos minutos fueron los más largos de mi vida, con el edificio moviéndose violentamente. No hubo fuego en mi piso y, con suerte, pude bajar. Fui parte de un grupo que ayudó a un compañero de trabajo paralizado a descender. Logramos salir aquí, a West Street, a las 10:15, y la torre se derrumbó a las 10:28», recuerda Bitwinski en una entrevista con EFE.
Actualmente, Bitwinski regresa cada martes a la Zona Cero para ofrecer recorridos gratuitos y mantener vivo el recuerdo de las víctimas.
En el lugar que ocupaban las Torres Norte y Sur, de 415 y 417 metros de altura, respectivamente, existen desde 2011 dos estanques con grandes cascadas artificiales, rodeados por más de 400 robles.
«Esto será un bosque durante años y años. Y eso es, es simplemente hermoso», comenta a EFE Marie Howe, residente en Florida.
Entre los símbolos de recuperación se encuentra el «Árbol Superviviente», un peral rescatado de los escombros del World Trade Center (WTC). También permanece la escultura de bronce ‘The Sphere’, creada por Fritz Koenig en 1971, que sobrevivió al derrumbe y, después de permanecer temporalmente en Battery Park, regresó al complejo en 2017.

La estación del Oculus también fue concebida como un recordatorio de los atentados. El proyecto de Santiago Calatrava está alineado con la trayectoria solar de cada 11 de septiembre, entre las 8:46 de la mañana, hora del impacto del primer avión, y las 10:28, cuando colapsó la segunda torre. Su claraboya permite el paso de un haz denominado «Cuña de Luz».

La reconstrucción modificó además el horizonte de Manhattan. En 2014 abrió el One World Trade Center, de 541 metros de altura y conocido también como la «Freedom Tower». El proyecto continuará con el 2 World Trade Center, que entró este verano en una nueva fase de construcción y está previsto que abra en 2031 como sede mundial de American Express, con 55 pisos y unos 400 metros de altura.
El renacimiento de la zona también se extendió al ámbito cultural con el Perelman Performing Arts Center (PAC NYC), inaugurado en septiembre de 2023. El centro, construido en forma de cubo y revestido de mármol, representó una inversión aproximada de $500 millones y cuenta con espacios destinados al teatro, la danza y la música.

Bitwinski recuerda que después de los ataques existían dudas sobre la recuperación de Nueva York y del World Trade Center. «Quizás tomó un poco más de tiempo de lo que pensaba, pero, los neoyorquinos son resilientes».
El superviviente resume la transformación experimentada durante estos 25 años: «Por muy difícil que fuera hace 25 años, creo que ayudaron tanto la resiliencia de los neoyorquinos como la simple condición humana de darse cuenta de que, no importa cómo te derriben, tienes que levantarte», concluyó.





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